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EPÍGRAFES
La VERDAD se está ahora desmitificando. - Eckhart Tolle
La sabiduría empieza en el asombro. - Platón
Una teoría es tanto más convincente cuanto más simples
son sus premisas. - Albert Einstein
INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia, la palabra "VERDAD" ha sido interpretada
de múltiples maneras: como correspondencia con los hechos, como
adecuación entre pensamiento y realidad, como coherencia lógica
o como revelación espiritual. Sin embargo, estas aproximaciones
han tendido a dejar en la penumbra un aspecto esencial: la intención
de quien comunica.
Este libro
se propone recuperar esa dimensión olvidada. No para negar la tradición
filosófica, sino para examinar aquello que quedó fuera del
foco conceptual durante siglos: la VERDAD no depende únicamente
del resultado verificable, sino del reconocimiento íntimo de la
intención con la que se transmiten datos.
El objetivo
es mostrar que la VERDAD no es solo un criterio lógico, sino una
vivencia moral; no únicamente un valor externo, sino una experiencia
interior que se reconoce en el instante mismo de comunicar. Esta mirada
permite explicar por qué la palabra "VERDAD" se volvió
imprecisa en el uso cotidiano y por qué una redefinición
resulta hoy necesaria para restaurar su coherencia semántica.
En estas
páginas se revisan los usos erróneos, las distorsiones culturales,
los malentendidos históricos y los desvíos filosóficos
que contribuyeron a desfigurar su significado. A su vez, se analiza cómo
esta confusión repercute en la comunicación, la confianza
y la convivencia humana.
PUERTA EPISTEMOLÓGICA
Quienes se dispongan a analizar razonamientos inéditos deben considerar,
antes de iniciar la lectura, que:
"Donde pueden los prejuicios, no puede la razón."
Existe una
definición de la VERDAD que puede ser compartida por todos.
Si el ideal de las palabras es definir sin ambigüedad una única
cosa, esta propuesta responde a ese propósito con precisión.
LA
VERDAD Y SU REDEFINICIÓN PENDIENTE
La palabra "VERDAD"
constituye uno de los conceptos más fundamentales y, paradójicamente,
más inestables de la historia del pensamiento. A pesar de su centralidad
en la filosofía, la ética, la ciencia y la vida cotidiana,
su definición ha permanecido fragmentada, contradictoria y sostenida
sobre supuestos que rara vez sobreviven a un examen riguroso.
Durante siglos,
se ha utilizado la palabra "VERDAD" basándose en nociones
que, sometidas a una revisión cuidadosa, revelan inconsistencias
conceptuales profundas. Las palabras existen para garantizar acuerdos
semánticos; sin embargo, en el caso de "VERDAD", ese
acuerdo nunca se consolidó plenamente. Las definiciones heredadas
-filosóficas, teológicas, lógicas o lexicográficas-
fueron construidas sobre marcos conceptuales que arrastraban deformaciones
originarias.
De allí proviene su ambigüedad actual.
La Real Academia Española, custodio del patrimonio lingüístico
común, enfrenta hoy el desafío de reconsiderar un concepto
que exige una base completamente nueva.
En 2014 presenté formalmente ante dicha institución una
redefinición que actualmente se encuentra bajo estudio. Esa propuesta
busca restituir a la palabra "VERDAD" un fundamento racional,
universal y filosóficamente sostenible.
Comprender esta redefinición conduce a una consecuencia experiencial
reconocible por cualquier lector: una sincronía interior entre
pensamiento, intención y lenguaje. No se trata de una metáfora
literaria, sino de un fenómeno observable. Al examinar la intención
que antecede a la transmisión de un dato, se ilumina el proceso
interior que sostiene el acto de comunicar y emerge una claridad que ordena
tanto la expresión como los vínculos humanos que dependen
de ella. En ese marco, la intención recta reduce la confusión,
fortalece la confianza y restituye el sentido ético del lenguaje.
UMBRAL
HACIA LA FENOMENOLOGÍA
Solo quien reconoce, con absoluta certeza, que transmite conocimientos
absolutamente acertados puede reconocerse a sí mismo en aquello
que comunica siendo "la VERDAD".
Fenomenología
de la VERDAD
Existe una definición de la VERDAD que nos es absolutamente común
a todos.
Si el ideal del lenguaje es definir sin ambigüedad una única
cosa, idea o concepto, esta propuesta cumple con ese criterio con una
precisión que no deja margen para la duda.
Propuesta documentada de José Luis Cortiñas Méndez
para su eventual incorporación en el Diccionario de la Real Academia
Española:
VERDAD.
1. f. Reconocimiento propio e íntimo de la intención de
transmitir datos que se saben absolutamente acertados.
Esta es la correcta -y única- definición para la palabra
VERDAD.
No por ambición, sino porque es la única que se sostiene
en un fundamento que todos compartimos: la capacidad universal e intransferible
de reconocer, dentro de uno mismo, la intención con la que se comunica.
Ninguna otra definición puede reclamar esa universalidad. Las restantes
dependen de verificaciones externas, criterios cambiantes, contextos históricos
o construcciones culturales variables. Esta, en cambio, nace de un mecanismo
humano constante, previo al lenguaje formal y anterior a cualquier sistema
filosófico.
Precisamente por descansar en una experiencia interior común a
toda la humanidad, esta definición cumple la función esencial
de toda definición auténtica: coincidir sin ambigüedades
en un mismo significado.
Cuando afirmo que "la VERDAD es el reconocimiento propio e íntimo
-es con uno mismo- de la intención de transmitir datos que, sin
lugar a dudas, sabemos absolutamente acertados, con el amoroso deseo de
hacer infinito bien", lo hago desde una perspectiva fenomenológica.
La fenomenología permite describir lo que ocurre en la conciencia
cuando examinamos nuestra intención antes de comunicar un dato.
En ese instante interior, silencioso e inmediato, aparece la VERDAD como
vivencia: no como correspondencia externa, sino como reconocimiento consciente.
Sin embargo, la palabra VERDAD no obedece a la lógica de los compendios
léxicos históricos.
Durante siglos se la definió según consensos, usos sociales
o necesidades filosóficas del momento. Pero un compendio no vale
por su popularidad: vale por su coherencia racional. Es tiempo de que
prevalezcan definiciones capaces de sostenerse ante el juicio de la razón.
Este
libro invita a razonar temas inéditos como:
"
La
significativa
diferencia entre la VERDAD y el objeto de la intención.
" Cómo la VERDAD incorrectamente definida mistifica conceptos.
" El modo en que se enmascaran definiciones analíticas poetizando
la VERDAD.
" El respeto que la VERDAD se merece.
" La relación entre el AMOR y la VERDAD.
" La VERDAD y la calidad de la intención.
" Los resultados conceptuales de falsacionar la VERDAD.
" Por qué no existe el autoengaño.
" El hábito inconsciente de forzar la VERDAD.
" Por qué creer tener razón no tiene ningún
valor.
" Razones por las que la palabra mentira posee verbo y la VERDAD
no.
" Por qué la VERDAD requiere una definición que no
necesite ser sostenida en el tiempo.
" Cómo el orden y el sentido de las palabras crean magia en
la comunicación, aun para quienes lo razonable en principio les
resulta incomprensible .
Quienes se dispongan a analizar la coherencia de razonamientos hasta ahora
inéditos deben ser conscientes, antes que nada, de que:
"Donde pueden los prejuicios no puede la razón."
Siendo que el ideal de las palabras definir sin lugar a dudas una única
cosa, idea o concepto, en esta nueva propuesta no existe duda de su correcta
definición:
VERDAD: Reconocimiento
propio e íntimo de la intención de transmitir lo que sabemos
absolutamente acertado.
Jose Luis Cortiñas Mendez.
La VERDAD se está ahora desmitificando. Eckhart
Tolle.
La sabiduría empieza en el asombro. Platon
Una teoría es tanto más convincente cuanto más simples
son sus premisas. Albert Einstein.
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