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Texto
original de JLCM. aprobado para su publicación en la web del Plan
Nacional Español sobre Drogas.
Mención Honorífica en los Premios Reina Sofía contra
las Drogas.
Website declarada de interés por la Delegación del Gobierno
para el Plan Nacional sobre Drogas,
modalidad Medios de Comunicación Social.
¡Algo bueno que nuestros seres queridos deben saber de nuestra boca!
¿Qué son las drogas?
Nuestro organismo es como un complejo laboratorio que funciona perfectamente;
las tristezas, las pérdidas o simplemente el aburrimiento son necesarios
para que intentemos cambios.
Cuando alcanzamos una meta o recibimos una grata sorpresa, diversas sustancias
son liberadas por glándulas en nuestro organismo, generando una
sensación de placer y haciéndonos sentir felices.
Entre ellas se encuentran la dopamina, las endorfinas, la serotonina y
otras hormonas y neurotransmisores que actúan en conjunto: ingresan
en el torrente sanguíneo, activan circuitos cerebrales de recompensa
y nos producen placer. Esa química natural nos impulsa a repetir
conductas beneficiosas, generando una especie de sana adicción
que refuerza la búsqueda de metas, el afecto y la superación
personal.
Nuestro cuerpo necesita esa química interna para sentirse bien,
y es saludable que circule en nosotros de manera espontánea y natural.
La adicción que producen estas sustancias puede considerarse como
una forma de drogas naturales de nuestro organismo, que nos llevan a repetir
esas conductas acertadas que nos condujeron a lograr una meta.
En cambio, las drogas administradas exteriormente también pueden
producir placer, pero no son saludables porque desajustan nuestro sistema
químico y glandular, que luego resulta muy difícil recomponer.
Nuestro organismo no reconoce como propias esas sustancias químicas
externas. Por eso, en un principio puede parecer que hacen bien y que
el cuerpo las necesita, las pide. ¡Y allí está el
peligro! Nunca podrán igualar la química natural de nuestro
organismo ni autorregularse de manera correcta. Terminan separándonos
de la realidad, creando un placer artificial que no responde a ninguna
causa vital, más que a drogarse y engañar al propio organismo.
El primer daño de este engaño es desvincularnos de relaciones
profundas con los demás para sumergirnos en un mundo de pesares,
agonía y soledad.
Las sustancias naturales que segrega nuestro organismo nos producen sensaciones
de placer a lo largo del día. Un gesto de simpatía de un
amigo, un elogio por nuestro trabajo o incluso la descarga de adrenalina
ante un peligro son ejemplos de cómo nuestro cuerpo libera combinaciones
de hormonas y neurotransmisores que nos generan bienestar y estímulo.
Pero cuando la mente empieza a recibir estímulos químicos
externos, todo ese sistema se confunde y se trastoca peligrosamente.
Al consumir drogas externas, la mente registra un placer embriagador imposible
de superar por hechos cotidianos. Quien entra en ese circuito pasa por
una etapa en la que cree que drogarse lo convierte en un ser superior
a los demás, porque cree experimentar un mayor placer. Cada vez
le importa menos la relación con otros, qué hacen o qué
metas alcanzan. Pero con el tiempo, ese registro artificial de placer
exige más consumo, dosis más altas o drogas más potentes,
siempre en la ilusión de encontrar algo que engañe mejor
al organismo.
Recuperarse de la adicción es una tarea ardua, tanto que lo más
sano es no haber probado nunca. Existen drogas que multiplican hasta por
seis el placer de cualquier emoción natural; por eso, la mente
no puede olvidarlo. Ninguna experiencia cotidiana logra borrar ese recuerdo:
esa es la trampa de experimentar con drogas.
Las llamadas drogas sociales alcohol, tabaco, marihuana también
producen inestabilidad emocional porque se consumen con frecuencia y en
relación a múltiples emociones cotidianas. Drogarse un
poco es engañarse un poco, pero ese es el inicio
de una cadena: cuando uno empieza a engañarse, ya no importa demasiado
cuál sea la medida después.
Engañarse un poco es comenzar a perder la confianza en sí
mismo.
Genéticamente no estamos preparados para resistir esos químicos,
que siempre acaban produciendo trastornos. Por eso bien se llaman tóxicos.
Incluso el dolor más fuerte o la pérdida más terrible
nos enseña y nos educa: la tristeza nos da el parámetro,
y tras la recuperación descubrimos con cuánto de poco podemos
volver a ser felices.
José Luis Cortiñas Méndez 2004/5
Derechos de autor registrados.
Texto
original aprobado para su publicación en la web del Plan Nacional
Español sobre Drogas.
Mención Honorífica en los Premios Reina Sofía contra
las Drogas.
Website declarada de interés por la Delegación del Gobierno
para el Plan Nacional sobre Drogas,
modalidad Medios de Comunicación Social
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