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- La VERDAD y su redefinición pendiente.

No existe el autoengaño: argumentos a favor de la defensa consciente de la intención:

Autor: José Luis Cortiñas Méndez

No existe el autoengaño como ignorancia real de los propios motivos.
Existe, en cambio, la defensa activa de una narrativa destinada a ocultar ante otros -y sostener frente a la vergüenza- una intención que el sujeto conoce. La convicción con que se afirma una falsedad no es prueba de desconocimiento, sino de la necesidad de proteger una posición vulnerable.

Mientras esa narrativa no es interrogada con rigor, parece coherente; cuando se la somete a un examen implacable, las contradicciones emergen, no porque la verdad aparezca, sino porque no hubo intención de transmitir datos absolutamente acertados: esos datos fueron ocultados mediante mentiras que se sabía se sostendrían hasta las últimas consecuencias.

Esta postura no es ingenua, sino exigente. Obliga a responsabilizar plenamente al sujeto, elimina la coartada del "no sabía" y desplaza el foco desde la mera cognición hacia la ética de la intención. No se trata de cuánto se conoce, sino desde dónde se actúa. La claridad personal no nace del dato perfecto ni de la verdad forzada, sino del examen honesto de los propios motivos.

A diferencia de las teorías que postulan el autoengaño como una escisión interna de la mente -donde un yo engaña a otro-, aquí no hay división ontológica del sujeto. Hay continuidad: quien engaña sabe qué defiende y por qué lo hace. La narrativa sostenida no oculta los motivos reales, los resguarda. Por eso puede mantenerse mientras no se la confronte, y por eso colapsa cuando la presión interrogativa no concede tregua. El engaño no es inconsciente; es estratégico.

En este sentido, la coincidencia con la psicología humanista es profunda. Desde la congruencia formulada por Carl Rogers, la claridad emerge cuando experiencia, conciencia e intención se alinean sin defensas.


Así entendida, la responsabilidad moral es plena. No hay refugio en la idea cómoda del autoengaño. Reconocer la propia intención -aunque exponga- es la posición que preserva la dignidad del sujeto. La fidelidad a esa intención justa vale más que la mera conservación de una narrativa, y aun más que la propia vida cuando lo que está en juego es la integridad moral.

Afirmo, con argumentos, que no existe el autoengaño. Lo que existe es la vergüenza ante la posibilidad de que se descubra la ganancia buscada mediante el engaño. Esa vergüenza impulsa a defender la falsedad con tal intensidad que termina produciendo una convicción aparente. No se trata de ignorancia, sino de una defensa sostenida. Los motivos reales no están ocultos: están resguardados por una narrativa que se protege a sí misma.

Mientras esa narrativa se mantiene, los motivos parecen inaccesibles. Pero no lo son. Un interrogatorio riguroso -como el que se realiza en un juicio penal por homicidio- revela las mentiras que en la vida cotidiana suelen pasar inadvertidas, no porque sean indetectables, sino porque se renuncia a seguir indagando. En el trato común, el cansancio, la cortesía o la insignificancia aparente del tema llevan a desistir. En el examen implacable, en cambio, la defensa narrativa se agota y las contradicciones emergen.

Autor: José Luis Cortiñas Méndez